Mientras en Barranquilla todos celebramos el nivel de desarrollo y crecimiento urbanístico, los ciudadanos están pagando las consecuencias de una movilidad que parece planificarse cuando el trancón ya está formado. No es una apreciación subjetiva. El informe TomTom Traffic Index de 2025 estableció que recorrer diez kilómetros en Barranquilla toma, en promedio, 36 minutos y 35 segundos. En la hora pico de la tarde, el recorrido alcanza los 46 minutos. La congestión llegó al 62,8 % y el tiempo perdido por el tráfico en las horas pico se estimó en 162 horas anuales. Casi siete días atrapados en las vías. Mientras la ciudad crece, desplazarse se convierte en un tormento cotidiano. Y aquí está el fondo del problema: Barranquilla construye soluciones viales cuando la congestión ya está instalada. Alameda del Río es un ejemplo difícil de ignorar. Primero llegaron miles de residentes, después los enormes trancones y finalmente el intercambiador de la Circunvalar con carrera 43. En Puerta Dorada apenas comenzó la construcción de otro intercambiador, mientras en Caribe Verde se ejecuta un paso peatonal deprimido que debió formar parte de una discusión temprana sobre la conectividad del sector. Son obras importantes, pero sus cronogramas merecen una revisión rigurosa. ¿Por qué estas soluciones no estuvieron listas antes de que la demanda desbordara los accesos? ¿A alguien no se le ocurrió antes que el impacto de movilidad sería demoledor? Y cuidado con Ciudad Mallorquín. Aunque el proyecto cuenta con estudios y nuevas vías, su expansión representa otro desafío para un corredor de la carrera 53 y una zona universitaria que ya soportan una presión vehicular considerable. Barranquilla no puede permitir que se repita la historia: primero entregar las viviendas, después padecer el congestionamiento y finalmente buscar cómo resolverlo. Pero hay otro asunto que merece atención. Instituciones como el Country Club, Colegio Americano, el Biffi, la Escuela Normal Superior, el Batallón del Ejército en el barrio Paraíso y otras grandes instalaciones que hace 40 años no constituían mayor problema para la movilidad, en las actuales condiciones de crecimiento de Barranquilla, favorecen el embotellamiento del tráfico vehicular y abren la necesaria discusión sobre su necesaria reubicación. Y mientras tanto, la Secretaría de Tránsito y Seguridad Vial parece demasiado concentrada en administrar los síntomas. Cambios de sentido, reductores de velocidad, ajustes de semáforos y otras intervenciones puntuales que si bien pueden ser necesarios, jamás reemplazarán una política de movilidad integral. Barranquilla necesita nuevas conexiones, corredores alternativos, un transporte público competitivo y planificación metropolitana. Porque tampoco se puede pretender que todos los problemas se resuelvan construyendo puentes para automóviles. Capítulo aparte merece la zona del Gran Malecón del Río, donde se están ejecutando varios ambiciosos proyectos de vivienda , centros comerciales y oficinas, que generarán un impacto significativo en la movilidad del sector ¿ya se están contemplando las soluciones para evitar el colapso del sector? La administración de Alejandro Char tiene hasta diciembre de 2027 para demostrar que sus inversiones no solamente producen obras, sino reducciones reales en los tiempos de desplazamiento. Y quien aspire a gobernar desde 2028 tendrá que presentar mucho más que promesas: un plan de movilidad con proyectos, financiación, cronogramas y resultados verificables. Aquí está la gran contradicción de Barranquilla: hemos aprendido a transformar el paisaje urbano, pero seguimos sin resolver cómo se desplazan las personas que viven en él. Una ciudad no puede medir su progreso únicamente por los edificios que levanta, los parques que inaugura o los intercambiadores que construye, mientras sus habitantes pierden horas de vida intentando llegar al trabajo o regresar a sus casas. Porque cuando una ciudad crece más rápido que sus soluciones, el problema ya no es solamente el tráfico. Es la capacidad de sus gobernantes para anticipar el futuro. Y Barranquilla no puede seguir pagando con el tiempo de sus ciudadanos las soluciones que llegaron tarde. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
Barranquilla: movilidad caótica
La expansión urbanística, los retrasos en obras viales y la falta de una planificación anticipada reavivan el debate sobre el futuro de la movilidad en la capital del Atlántico.

