¿Sabías que el río Magdalena podría mover la economía de medio país? Lo paradójico es que hoy aprovechamos menos del 20 % de su capacidad. Y no hablamos de cualquier río: el Magdalena sigue siendo uno de los activos económicos más valiosos de Colombia, con el potencial de convertirse en uno de los grandes motores del desarrollo del Caribe y, muy especialmente, del Atlántico.

Un río que mueve la economía

Basta con mirar el mapa para entenderlo. En su paso por la región Caribe, el río recorre cerca de 500 kilómetros antes de entregarse al mar en Bocas de Ceniza, y unos 105 de ellos bordean nuestro departamento. Es justamente en ese tramo donde se levanta uno de los complejos portuarios e industriales más importantes del país.

Las cifras confirman lo que muchos intuimos. Estudios estiman que entre el 6 % y el 10 % del PIB del Atlántico está ligado al complejo fluvial y portuario del Magdalena, lo que equivale a entre 5 y 8 billones de pesos cada año. Y si ampliamos la mirada a toda la región Caribe, ese impacto podría llegar a los 24 billones de pesos anuales.

Inversiones que cambian el panorama

Ese potencial, además, empieza a tener respaldo. Para el cuatrienio 2027-2030, Cormagdalena ha trazado un plan de inversiones cercano a los 2 billones de pesos para recuperar la navegabilidad del río, con obras de encauzamiento, dragado y la adquisición de una draga propia de gran capacidad. A ello se suman los 160.000 millones de pesos anunciados por el Invías para demoler el antiguo puente Pumarejo.

Nueve municipios con nombre propio

Con este horizonte, los municipios ribereños del Atlántico deben empezar a poner la mirada en proyectos locales de desarrollo económico que aprovechen los suelos aledaños al río.

Y esos suelos tienen nombre propio. Los 105 kilómetros de ribera que el Magdalena dibuja sobre el Atlántico se reparten entre nueve municipios, como muestra la siguiente tabla. Son ellos, justamente, los llamados a definir desde ya, en sus planes y esquemas de ordenamiento territorial, las vocaciones económicas, sociales y ambientales de sus tierras ribereñas.

Solo así podrán anticiparse a las oportunidades que traerá, en el corto y mediano plazo, una mejor navegabilidad del río, y convertirlas en desarrollo sostenible y crecimiento para su gente.

Una vocación para cada orilla

El Atlántico no debería limitarse a observar esta transformación desde sus puertos. El verdadero reto es convertir el río en un corredor de desarrollo económico, capaz de generar nuevas actividades productivas, empleo e inversión a lo largo de toda su ribera.

Barranquilla tiene una posición estratégica privilegiada. Un Magdalena navegable puede fortalecer su condición de nodo logístico, portuario, industrial y de comercio exterior del Caribe, articulando el transporte fluvial con los puertos marítimos, las carreteras, el aeropuerto y los futuros sistemas ferroviarios.

Esto puede atraer nuevas inversiones en almacenamiento, distribución, transformación de mercancías, desarrollo inmobiliario, turismo, gastronomía y servicios especializados, al tiempo que fortalece la competitividad empresarial de la ciudad y su área metropolitana.

Soledad puede aprovechar su cercanía con Barranquilla y su conexión vial para desarrollar actividades de logística, industria, comercio y servicios asociados al río, pero también para impulsar nuevos proyectos de desarrollo urbano y residencial alrededor de su frente fluvial.

Rehabilitar la ribera puede abrir espacio para el turismo cultural, patrimonial y gastronómico, la recuperación de espacios públicos, el ecoturismo y la protección ambiental, integrando el río a la vida urbana y convirtiéndolo en un activo para la economía y la calidad de vida del municipio.

Malambo, con su vocación industrial ya consolidada sobre la Oriental, puede conectar su ribera con parques industriales y plataformas logísticas que integren la carga fluvial y la terrestre.

Más hacia el centro del departamento aparecen otras apuestas. Sabanagrande puede consolidar su vocación portuaria y logística, mientras Santo Tomás puede desarrollar servicios complementarios, turismo de naturaleza y actividades asociadas a su frente ribereño.

Palmar de Varela, por su ubicación y conexión vial, tiene posibilidades para convertirse en un punto de articulación entre producción agroindustrial, industria y transporte.

Ponedera, que posee la mayor extensión de ribera dentro de esta clasificación, está especialmente llamada a desarrollar centros de acopio, transformación agroindustrial y servicios de transporte fluvial. Su posición puede convertirla en un nodo entre la producción rural y los mercados del Caribe.

En el sur, Campo de la Cruz puede aprovechar el río para fortalecer la agroindustria, el almacenamiento y la comercialización de productos agrícolas.

Suan, por su ubicación estratégica y su conexión histórica con el transporte fluvial, tiene posibilidades en turismo, comercio, pesca, agroindustria y servicios asociados al río.

El desafío para Suan y Campo de la Cruz, al igual que para los demás municipios, será pasar de tener una ribera a desarrollar una verdadera economía de ribera: embarcaderos funcionales, centros de acopio, servicios, turismo, formación de talento y empresas capaces de aprovechar el transporte fluvial.

De tener ribera a una economía de ribera

La apuesta, entonces, no está únicamente en mover más toneladas por el Magdalena. Está en construir alrededor del río un nuevo ecosistema económico: logística, industria, agroindustria, comercio exterior, turismo, servicios, infraestructura y empleo.

El Magdalena puede ser mucho más que una vía navegable. Puede convertirse en una columna vertebral del desarrollo económico del Atlántico.

La pregunta que debemos hacernos es sencilla: ¿qué está haciendo cada municipio para capturar el valor económico de sus kilómetros de ribera?

Ing. Leonardo Pereira Doctor en Economía Docente universitario. X: @Leo_PereiraG

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