A Gustavo Petro le tomó 6 meses y 20 días realizar el primer cambio en su gabinete ministerial: el 27 de febrero de 2023 salieron Alejandro Gaviria (Educación), Patricia Ariza (Cultura) y María Isabel Urrutia (Deporte). En total, 65 ministros pasaron por el gabinete de Petro entre agosto de 2022 y agosto de 2026. En el gobierno de la "patria milagro" —como lo llama Abelardo de la Espriella—, la primera movida fue la salida de Viviane Morales del Ministerio de Educación y la llegada de una ultrarradical llamada Ilva Myriam Hoyos Castañeda; ese cambio sucedió cuando apenas iban 39 días de gobierno. Solo van 76 días del gobierno de Abelardo de la Espriella y este ya ha despedido a su primer ministro. La salida de Rodrigo Lara del Ministerio del Interior parece responder a una mezcla de fracaso en la negociación política, pérdida de confianza dentro del Gobierno y diferencias ideológicas. Es la crónica de una muerte anunciada para quien pareció caer en paracaídas en un gobierno ultraderechista, alineado más a las políticas de Enrique Gómez Martínez que a las de un afamado «liberal-demócrata» como Rodrigo Lara. Las derrotas en la elección del presidente del Senado —donde el Centro Democrático se meció en la misma cuna con su enemigo del Pacto Histórico— y otras pifias parecieron pasarle factura al hoy exministro; no siempre tratar de encajar donde no se cabe sale bien. En la orilla del Pacto Histórico se atribuyen como victoria la cabeza de Lara y la caída del presupuesto en el Congreso, dos jugadas que distan mucho de ser triunfos reales. Por un lado, la salida de Lara termina en la llegada de un ultrarradical político, de lo más rancio que tiene la política colombiana, como lo es Alejandro Ordóñez. Por el otro, la caída del presupuesto solo perjudica a las regiones, que en las modificaciones alcanzadas en el Congreso iban a recibir mejores beneficios que con un presupuesto aprobado por decreto. En todo caso, ninguna de las dos situaciones se puede cantar como triunfo del famoso Pacto, ya que en los errores provocados por el afán cayeron el Gobierno y sus aliados en el Congreso; la salida de Lara es, en realidad, una victoria de la derecha radical de este país. La llegada de Alejandro Ordóñez apunta a un cambio de estilo: menos liberalismo político y más conservadurismo doctrinario. El presidente está sustituyendo a un ministro que no consiguió los resultados esperados por una figura más cercana a sus convicciones, sin que eso resuelva necesariamente las fallas de negociación que provocaron el relevo. Ordóñez —famoso por ser el procurador que logró que su opuesto extremo desde la izquierda, Gustavo Petro, votara por él en el Senado cuando se eligió como procurador— es un vasto dirigente clientelista, capaz de movilizar votos a punta de burocracia y puestos. Alejandro Ordóñez fue elegido procurador general de Colombia el 11 de diciembre de 2008 y asumió el cargo el 16 de enero de 2009; Gustavo Petro, que entonces era senador del Polo Democrático, votó a favor de él en esa elección. Lara fracasó por no construir mayorías; Ordóñez tendrá que demostrar que puede construirlas sin convertir cada desacuerdo político en una confrontación ideológica. Seguramente es un experto comprobado en esas lides —lo demostró para ser procurador— y ahora tendrá la tarea de repetirlo como ministro de la política, porque los desafíos en el Congreso son mayúsculos. A Lara le dijo Aberlardo en X, despedido de la patria milagro.

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