Rodrigo Lara Restrepo salió el Ministerio del Interior, pero la advertencia de Abelardo De La Espriella fue para todo su gabinete. El presidente acaba de demostrar que no está dispuesto a conservar funcionarios que no respondan a sus expectativas políticas. Y la llegada de Alejandro Ordóñez confirma una orientación que comienza a definirse con mayor claridad: un Gobierno más conservador, ideológicamente cohesionado y con menos tolerancia frente a los errores de sus propios funcionarios. La salida de Lara, apenas dos meses y medio después de asumir el cargo, no puede atribuirse a un solo episodio. Fueron cinco controversias que deterioraron progresivamente su posición dentro del Gobierno. La primera fue la derrota del candidato a la presidencia del Senado. Alfredo Deluque, respaldado por la Casa de Nariño, perdió frente a Honorio Henríquez, del Centro Democrático. Fue un revés significativo para el ministro encargado de construir las mayorías parlamentarias. La segunda ocurrió durante la elección del contralor general de la República. El Gobierno no consiguió unificar una candidatura y las bancadas terminaron votando en libertad. Aunque se defendió la autonomía del Congreso, el resultado evidenció las dificultades de coordinación política del Ejecutivo. El tercer episodio fue la designación del capitán Germán Andrés Miranda como director nacional de Bomberos, pese a los cuestionamientos por presunta corrupción. El propio presidente ordenó retirarlo del cargo el 3 de octubre. El cuarto fue la contratación del exmagistrado del Consejo Nacional Electoral Altus Baquero como asesor jurídico del Ministerio del Interior. Su vinculación generó reparos en la Casa de Nariño y terminó siendo reversada por instrucciones del Gobierno. Y el quinto, posiblemente el más grave, fue el hundimiento del Presupuesto General de la Nación para 2027 por un error de procedimiento en el Congreso. El Gobierno terminó obligado a expedirlo mediante decreto. Fue un fracaso institucional que también comprometió al Ministerio de Hacienda, pero cuyo costo político recayó especialmente sobre Lara. A estos cinco episodios se sumaron sus diferencias con Carlos Suárez, estratega de la campaña presidencial y uno de los hombres más influyentes del entorno del presidente De La Espriella. Suárez celebró la designación de Alejandro Ordóñez calificándolo como un verdadero defensor de la patria. Una expresión particularmente significativa si se consideran sus desencuentros con Lara. No demuestra que haya intervenido en su salida, pero permite entender que el exministro tampoco contaba con el respaldo de todas las figuras cercanas al presidente. La información conocida también señala que Lara comenzó a ser visto dentro del Ejecutivo como un funcionario que no compartía plenamente las tesis fundamentales del Gobierno. Eso no equivale a demostrar deslealtad, pero sí revela un distanciamiento político que, sumado a los errores y controversias, terminó debilitando su permanencia. Pero, el nombramiento de Alejandro Ordóñez tiene un significado adicional. El exprocurador representa una de las corrientes más conservadoras de la política colombiana. Católico, defensor de posiciones tradicionales sobre la familia y crítico del aborto legal y de la adopción por parejas del mismo sexo, Ordóñez llega con una identidad ideológica definida. Su designación coincide con la presencia de Ilva Miryam Hoyos en el Ministerio de Educación, quien fue una de sus principales colaboradoras durante su paso por la Procuraduría. Dos ministerios estratégicos quedan así bajo la dirección de funcionarios con antecedentes profesionales compartidos y convicciones conservadoras reconocidas. De La Espriella parece decidido a fortalecer esa orientación dentro de su gabinete. Sin embargo, Ordóñez tendrá que demostrar que su experiencia jurídica y su firmeza ideológica también pueden traducirse en capacidad de negociación con el Congreso. El mensaje presidencial tiene dos destinatarios. El primero es el gabinete, cuyos integrantes saben ahora que los errores acumulados y las diferencias políticas pueden costarles el cargo. El segundo es el país, que comienza a identificar con mayor claridad la orientación conservadora que el mandatario pretende imprimir a su administración. Rodrigo Lara no salió por una traición demostrada. Salió después de cinco episodios que afectaron su gestión y de un progresivo distanciamiento con sectores influyentes del Gobierno. De La Espriella no quiere tibios. Pero tampoco le bastará con ministros ideológicamente convencidos. Necesita funcionarios que produzcan resultados y sepan construir acuerdos. Lara perdió el ministerio. Los demás ministros recibieron la advertencia. Y es que en política, nada es casualidad. tica, nada es casualidad.

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