Nicolás Maduro dejó el poder después de la operación militar del 3 de enero de 2026. La salida del líder chavista fue un cambio visible, pero las fuentes disponibles no describen una ruptura del sistema. EFE informó en junio que Venezuela llevaba cinco meses sin Maduro, que Delcy Rodríguez dirigía el Ejecutivo encargado y que el chavismo mantenía el control gubernamental.

EL PAÍS llegó a una conclusión similar en su balance de los primeros 100 días. El medio señaló que Delcy Rodríguez continuaba como vicepresidenta, que Jorge Rodríguez presidía la Asamblea Nacional y que las instituciones seguían en manos de figuras vinculadas a la misma estructura. También registró cambios, como una ley de amnistía y una apertura hacia actores económicos, pero no un reemplazo de la maquinaria política.

Cambiar el rostro no basta

La discusión no es si Venezuela cambió. Cambió el jefe que concentraba el poder y cambió la relación con Washington. La pregunta es qué instituciones pueden controlar al nuevo Ejecutivo, cuándo habrá elecciones y cómo se garantizan derechos para quienes estuvieron perseguidos. Mientras esas respuestas sigan pendientes, la continuidad de los mismos actores y órganos pesa más que el cambio de nombres.

Decir que el chavismo siguió no significa que nada haya cambiado. Significa que la salida de Maduro no desmontó por sí sola el sistema que lo sostuvo. Esa es la lectura editorial de RunRun Político, separada del dato comprobable: EFE y EL PAÍS describen continuidad del control chavista y una transición sin calendario electoral definido. Venezuela no necesita maquillaje, necesita reglas que hagan posible una transferencia real del poder.