Abelardo De La Espriella anunció una propuesta para que Barranquilla sea sede permanente de la Presidencia y confirmó sedes alternas en Medellín y Cali. Caracol Radio reportó que el Batallón Paraíso y el Palacio de la Aduana serían los lugares de despacho en la capital del Atlántico. La Agencia EFE también registró las tres ciudades como parte de su plan de descentralización. El dato comprobado es la propuesta, no su ejecución.

Una sede alterna puede cambiar la geografía de un despacho sin cambiar la forma en que se gobierna. Si los ministerios siguen tomando todas las decisiones en Bogotá, la mudanza será una operación de imagen. Si no existe un calendario, un presupuesto y una regla clara para trasladar funcionarios y trámites, tampoco se puede medir cuánto costará ni qué servicio mejorará.

La pregunta correcta

Descentralizar significa repartir autoridad. La prueba no es cuántas oficinas se abren, sino qué decisiones se firman en cada ciudad, qué partidas se ejecutan allí y qué entidad responde cuando una promesa no se cumple. También exige publicar los contratos, los gastos de adecuación, los equipos trasladados y los plazos. Sin esos documentos, el país solo tiene un anuncio de sedes.

Barranquilla tiene razones para reclamar un papel nacional y Medellín y Cali tienen capacidad institucional para asumirlo. Eso no vuelve automática la descentralización. El Gobierno tendrá que demostrar que el poder se mueve junto con la dirección postal. Para un ciudadano de la costa, del valle o del eje cafetero, el resultado debe sentirse en una decisión más rápida, un trámite más cercano o un recurso ejecutado en su territorio. Si nada de eso cambia, solo se habrá cambiado de edificio.