Después de un periodo de moderación en el aumento de los precios, la economía colombiana enfrenta nuevas presiones que podrían encarecer el costo de vida durante los próximos seis meses. El comportamiento de los alimentos, las tarifas de energía y gas, los arriendos y los combustibles genera preocupación entre los analistas, que advierten sobre un posible repunte de la inflación. Las proyecciones apuntan a que el indicador podría superar el 7 % en los próximos meses, impulsado principalmente por los efectos del fenómeno de El Niño, los mayores costos energéticos y las dificultades en el abastecimiento de algunos productos agrícolas. El impacto no se limitaría al mercado de alimentos y a los recibos de los servicios públicos. Los incrementos en los arriendos y los ajustes salariales también podrían trasladarse a otros bienes y servicios, reduciendo la capacidad de compra de las familias y dificultando la recuperación del consumo. El Niño amenaza con encarecer los alimentos y la energía Uno de los principales factores de riesgo es el fenómeno de El Niño, que puede reducir las lluvias, afectar las cosechas y disminuir los niveles de agua en los embalses utilizados para generar electricidad. José Luis Mojica, gerente de Investigaciones Macroeconómicas de Bancolombia, advirtió que las condiciones climáticas podrían intensificar las presiones sobre los alimentos perecederos y los servicios públicos regulados. Según las estimaciones de esa entidad, un episodio severo de El Niño podría sumar entre 0,7 y 1,9 puntos porcentuales a la inflación anual. El efecto se transmitiría, principalmente, por una menor producción agrícola y un aumento en las tarifas de energía eléctrica y gas natural. La situación del sistema eléctrico también genera inquietud. Colombia depende en buena medida de la generación hidroeléctrica, por lo que una reducción considerable de los embalses obligaría a recurrir más a las plantas térmicas, cuyos costos de operación son superiores. De acuerdo con las cifras citadas por Bancolombia, el precio promedio de la energía para los usuarios pasó de aproximadamente $622 por kilovatio-hora en 2021 a cerca de $880 a mediados de 2026. En algunas regiones del Caribe, las tarifas han superado los $1.000 por kilovatio-hora. Juan David Ballén, director de Estudios Económicos de Aval Asset Management, considera que las presiones podrían prolongarse hasta el primer trimestre de 2027, cuando los niveles de los embalses suelen alcanzar sus puntos más bajos. El gas importado presiona los costos La reducción de la producción nacional de gas es otro de los factores que podrían elevar los costos para hogares y empresas. Según un análisis de Bancolombia, la producción colombiana de este combustible cayó un 17,4 % anual y acumuló una contracción del 27 % durante los últimos 18 meses. Para atender la demanda, el gas importado representó el 26,8 % de la oferta total entre enero y julio de 2026. El problema radica en la diferencia de precios entre el combustible nacional y el importado. En julio, el gas comprado en el exterior cotizaba alrededor de US$15,9 por millón de unidades térmicas británicas, aproximadamente el doble de los US$7,9 correspondientes al gas producido en el país. Este diferencial podría reflejarse en las tarifas domiciliarias y en los costos de generación eléctrica, especialmente si aumenta la necesidad de utilizar plantas térmicas durante los periodos de mayor demanda. Además, si los proyectos de regasificación no entran en operación a tiempo, el país podría enfrentar restricciones en el suministro entre 2027 y 2028, con posibles consecuencias para el sector industrial. Mercar podría costar mucho más Los alimentos también están entre los productos más expuestos al repunte inflacionario. La reducción de las lluvias puede afectar las cosechas, disminuir la oferta de productos perecederos y elevar los costos de transporte y distribución. Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá advierte que la inflación de alimentos, que se ubicaba en el 6,7 % en septiembre de 2026, podría acercarse al 11 % a comienzos de 2027 si se intensifican los efectos del fenómeno climático. Algunos productos ya registran incrementos significativos. Según las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) citadas en el análisis, la papa se encareció un 67,7 % en lo corrido del año y un 78,28 % durante los últimos 12 meses. La carne de res y sus derivados también mostraron aumentos: en septiembre de 2026 sus precios fueron un 14,22 % superiores a los del mismo mes de 2025. De mantenerse estas presiones, los hogares tendrían que destinar una mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos básicos, con menos dinero disponible para otros productos, servicios y actividades de consumo. Los analistas esperan que el efecto climático sea temporal y que una normalización de las condiciones meteorológicas permita recuperar gradualmente la producción agrícola durante la segunda mitad de 2027 y en 2028. Salarios, arriendos y combustibles, bajo presión El ajuste del salario mínimo para 2027 también será determinante en la evolución de los precios. Según las estimaciones del Banco de Bogotá, un incremento técnico del 8 % llevaría el salario mínimo mensual, sin auxilio de transporte, de $1.750.950 a aproximadamente $1.890.997. Sin embargo, el análisis considera más probable un aumento del 8,5 %, que situaría el salario mínimo en torno a los $1.900.000. Los expertos advierten que un incremento de dos dígitos podría dificultar la reducción de la inflación y llevar al Banco de la República a mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo. Los arriendos también podrían subir, debido a que sus reajustes están vinculados a la inflación registrada durante el año anterior. A esto se suman los posibles incrementos de la gasolina y el diésel, cuyos precios internos podrían verse presionados por las referencias internacionales y el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles. La inflación podría tardar en ceder Las proyecciones de las entidades financieras difieren sobre la magnitud del repunte, pero coinciden en que las presiones podrían prolongarse durante buena parte de 2027. BBVA estima que la inflación podría cerrar ese año en el 5,4 %, mientras Bancolombia la sitúa alrededor del 5,5 %. Aval Asset Management contempla una reducción más lenta y proyecta un cierre cercano al 6 %. Estas cifras seguirían por encima de la meta del 3 % del Banco de la República, lo que dificultaría una reducción rápida de las tasas de interés y mantendría elevados los costos de los créditos para hogares y empresas. El comportamiento del dólar, la intensidad del fenómeno de El Niño, la evolución de los precios internacionales de la energía y las decisiones sobre el salario mínimo serán determinantes para establecer la magnitud del impacto. Por ahora, el panorama plantea un desafío para la economía colombiana: contener el aumento del costo de vida sin frenar el consumo y la inversión. Para los hogares, el riesgo inmediato es que comprar alimentos, pagar los servicios públicos y cubrir los gastos básicos demande una proporción cada vez mayor de sus ingresos.

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