Para el petrista promedio, Gustavo Petro consiguió algo extraordinario: gobernó Colombia durante cuatro años sin ser responsable de nada. Si algo salió bien, fue gracias a Petro. Si algo salió mal, fue porque no lo dejaron. Esa es la contabilidad política de los petristas: los éxitos tienen dueño; los fracasos tienen culpables. Si una reforma se hundió, fue el Congreso. Si una política fracasó, fueron las élites. Si hubo críticas, fue la extrema derecha. Y si todavía faltaba alguien por culpar, siempre estaban Uribe, Duque, los empresarios, los medios, la oligarquía, el fascismo y ahora Abelardo De La Espriella. Tienen más culpables que resultados. Y cuando ya no queda argumento, aparece la palabra mágica: “ultraderecha”. Fin de la discusión. Caso cerrado. Ese es el problema de los petristas: convirtieron la defensa de Petro en una fábrica de excusas donde la autocrítica casi nunca encuentra espacio. Petro no se equivoca: lo engañan. Petro no fracasa: lo bloquean. Petro no administra mal: conspiran contra él. Y así construyeron un líder políticamente infalible. Pero Petro gobernó. Tuvo ministros, presupuesto, burocracia, iniciativa legislativa y coaliciones políticas. Y, por supuesto, tuvo oposición. Bienvenido a la democracia. Gobernar nunca significó mandar sin contradictores. Gobernar consiste precisamente en conseguir resultados con Congreso, jueces, empresarios, medios y oposición haciendo contrapeso. Y ahí está la ironía. Petro pasó décadas explicándole a Colombia cómo debía gobernarse. Después Colombia le entregó el país para demostrar que sabía hacerlo. Cuando llegó la hora de evaluar los resultados, los petristas volvieron a buscar culpables. Uribe ayer. Duque después. Las élites siempre. Abelardo hoy. Mañana aparecerá otro. Porque cuando una militancia necesita justificarlo todo, deja de evaluar a su líder por sus resultados y empieza a protegerlo de ellos. Petro se queda con las victorias. Para las derrotas, los petristas siempre encuentran otro culpable. Qué negocio tan conveniente. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
Petro nunca tiene la culpa
Una crítica a la defensa del petrismo y a la costumbre de atribuir los aciertos al expresidente y los fracasos a sus adversarios.

