Esa es la paradoja más incómoda del burdo y fracasado experimento sanitario del petrismo: el modelo que debía servir de ejemplo para transformar la salud de todos los colombianos hoy tiene a miles de maestros denunciando demoras, falta de medicamentos y una atención que no responde a sus necesidades. El nuevo modelo de salud del magisterio comenzó a operar en mayo de 2024, durante el gobierno de Gustavo Petro, con Guillermo Alfonso Jaramillo al frente del Ministerio de Salud. Carolina Corcho había sido una de las principales promotoras de la reforma sanitaria del petrismo. La apuesta consistía en reducir la intermediación, reorganizar la prestación de servicios y demostrar que era posible construir un sistema diferente. Pero las promesas chocaron con la realidad. Los docentes comenzaron a denunciar dificultades para acceder a especialistas, tratamientos y medicamentos. Los problemas financieros también se agravaron. Según las cifras conocidas, los costos pasaron de $2,39 billones en 2023 a $4,85 billones en 2025, mientras el déficit proyectado para 2026 alcanzaba los $2,7 billones. La contradicción política resulta especialmente significativa. Fecode ha sido uno de los aliados sindicales más visibles del petrismo. Respaldó su llegada al poder y defendió buena parte de su agenda. Sin embargo, ese vínculo político no evitó que sus afiliados terminaran enfrentando las deficiencias de un modelo impulsado por el mismo gobierno al que habían apoyado. El caso también plantea interrogantes sobre la reforma nacional. Si un sistema diseñado para atender a una población delimitada presenta problemas tan graves de financiación y prestación de servicios, sus resultados deben examinarse antes de utilizarlo como referencia para una transformación de mayor alcance. La lección es contundente: la afinidad ideológica no garantiza una cita médica, la militancia no entrega medicamentos y los discursos contra la intermediación no reemplazan una red hospitalaria que funcione. Los maestros necesitan atención oportuna, no explicaciones políticas para justificar las fallas. Petro recibió el respaldo político de Fecode, pero su gobierno dejó un modelo sanitario cuya crisis hoy golpea a los propios docentes. Esa contradicción merece una explicación pública y responsabilidades concretas. Porque una reforma no se mide por la cantidad de seguidores que la aplauden, sino por la cantidad de pacientes que realmente reciben atención. Y es que en política, nada es casualidad.

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