Sacaron a Maduro, pero dejaron intacto el régimen. Y ahora al mundo parece habérsele olvidado quién es Delcy Rodríguez y de dónde viene. Delcy no ganó una elección presidencial. No fue elegida por los venezolanos. Fue durante años una de las figuras más poderosas del gobierno de Nicolás Maduro y vicepresidenta de un régimen que llegó a las elecciones del 28 de julio de 2024 después de inhabilitar a María Corina Machado, perseguir opositores y restringir las condiciones de competencia electoral. Después vino lo más grave. El Consejo Nacional Electoral proclamó ganador a Maduro sin publicar los resultados completos mesa por mesa. Mientras tanto, la oposición recopiló miles de actas que mostraban una ventaja abrumadora de Edmundo González. El Centro Carter concluyó que esas elecciones no podían considerarse democráticas y que las actas recopiladas por la oposición mostraban a González con aproximadamente el 67 % de los votos. Y cuando miles de venezolanos salieron a protestar, llegó la represión. Más de 2.000 personas fueron detenidas y Human Rights Watch documentó 24 muertos durante las protestas posteriores a las elecciones. Ese era el gobierno del que Delcy Rodríguez era vicepresidenta. Ese era el régimen que defendía. Pero Maduro fue capturado por Estados Unidos, salió del poder y ocurrió algo extraordinario: cambiaron al hombre, pero comenzaron a legitimar la misma estructura. Delcy Rodríguez asumió el poder. Después llegaron las negociaciones económicas, los acuerdos petroleros, las conversaciones con organismos financieros internacionales y finalmente la fotografía que hace apenas unos meses habría parecido imposible: Delcy Rodríguez reunida con el presidente de Estados Unidos. Y ahí está la verdadera lavada de cara. Porque ahora quieren presentarla como una nueva etapa para Venezuela, como si Delcy hubiera aparecido ayer. Como si no hubiera sido vicepresidenta de Maduro. Como si no hubiera formado parte del poder durante la persecución de la oposición. Como si el 28 de julio de 2024 nunca hubiera ocurrido. Como si miles de presos, perseguidos y exiliados pudieran borrarse con reuniones, petróleo y diplomacia. Estados Unidos puede tener intereses estratégicos. Puede necesitar petróleo. Puede buscar estabilidad. Pero ninguna de esas razones convierte automáticamente en democrática una estructura de poder que nunca pasó nuevamente por las urnas. A Maduro lo sacaron del Palacio. Al régimen le están cambiando la imagen. Y ese puede terminar siendo el negocio político más conveniente para todos, menos para millones de venezolanos que llevan años exigiendo algo mucho más sencillo: que se respete su voto. Porque una dictadura no deja de ser autoritaria porque cambie de rostro, firme contratos o consiga una fotografía en Nueva York. Esto no parece una transición democrática. Parece una operación internacional para lavarle la cara al mismo poder con una nueva portavoz. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
Lavada de cara a Delcy
El ascenso de Delcy Rodríguez tras la salida de Nicolás Maduro abre un nuevo capítulo para Venezuela, mientras persisten los cuestionamientos sobre el proceso electoral de 2024 y la continuidad de figuras vinculadas al anterior gobierno.

