La ONU se convirtió en el escenario más caro del mundo para hablar mucho y resolver poco. Cada año llegan presidentes, cancilleres, diplomáticos y enormes comitivas a Nueva York. Hay discursos, reuniones, fotografías, almuerzos y declaraciones solemnes. Después todos regresan a sus países y buena parte de los problemas siguen exactamente donde estaban. Las guerras continúan. Rusia y Ucrania siguen enfrentadas. Oriente Medio continúa bajo una tensión permanente. Irán sigue en el centro de la confrontación con Estados Unidos. Corea del Norte mantiene su desafío nuclear. Y Naciones Unidas observa, condena, debate y vuelve a convocar otra reunión. Venezuela muestra además otra de sus grandes contradicciones. Delcy Rodríguez llegó a esta Asamblea convertida en presidenta interina de Venezuela sin haber ganado una elección presidencial propia y en medio de una nueva relación con Washington marcada por intereses políticos, económicos y petroleros. La misma organización que durante años ha hablado de democracia y derechos humanos termina ofreciendo una de sus tribunas más importantes a gobiernos profundamente cuestionados precisamente por esos asuntos. Pero el problema es mucho más grande que Venezuela. La Asamblea General puede aprobar resoluciones, pronunciar discursos y emitir condenas, pero muchas de esas decisiones no son jurídicamente obligatorias. Y cuando los asuntos verdaderamente graves llegan al Consejo de Seguridad aparece el gran candado del sistema: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido pueden bloquear decisiones mediante su poder de veto. Es una contradicción monumental. Las mismas potencias involucradas en las principales disputas geopolíticas del planeta tienen capacidad para paralizar al organismo encargado de preservar la paz mundial. Por eso cada Asamblea deja miles de titulares, fotografías y declaraciones. Pero demasiadas veces deja muy pocos resultados. La ONU parece cada vez más una gigantesca tribuna diplomática donde todos hablan, muchos se reúnen, nadie quiere ceder y los conflictos siguen creciendo afuera. Mucho micrófono. Mucho protocolo. Mucho gasto. Y demasiado poca acción. La ONU puede seguir reuniendo al mundo. El problema es que cada vez demuestra menos capacidad para cambiarlo. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
La ONU, puro discurso
La Asamblea General de Naciones Unidas vuelve a reunir a líderes mundiales entre discursos, debates y promesas, mientras persisten conflictos y crisis internacionales sin soluciones definitivas.

