Timochenko acaba de dejar una frase capaz de resumir diez años de sospechas sobre la JEP: las Farc ayudaron a “parir” la justicia que después terminaría juzgándolas. Y ahora sabemos algo todavía más incómodo: mientras negociaban la paz en La Habana también discutían qué castigo recibirían sus comandantes. En esas conversaciones, según relató el propio Timochenko, se llegó a hablar de “unas penas más suaves” que podrían pagarse en Cuba. La fórmula de cumplir las penas en La Habana no terminó incorporada literalmente al Acuerdo, pero el resultado sí fue una justicia excepcional. Quienes reconocieran verdad y responsabilidad por los crímenes más graves podrían recibir sanciones propias de cinco a ocho años, con restricciones y trabajos restaurativos, pero sin la prisión ordinaria. No fue un detalle del acuerdo: era uno de los asuntos fundamentales para una guerrilla que, como reconoció Timochenko, no estaba negociando para dejar las armas y terminar detrás de las rejas. Y ahí aparece la pregunta que realmente golpea a la JEP: ¿qué recibió Colombia a cambio? Porque las concesiones judiciales se justificaron con una promesa enorme de verdad, reparación, reconocimiento y no repetición. Y estamos hablando de secuestros, desapariciones, torturas, violencia sexual y cautiverios degradantes documentados incluso por la propia jurisdicción. Por eso resulta tan chocante escuchar a Timochenko hablar de instrucciones de “buen trato” a los secuestrados frente al infierno que describieron tantas víctimas. La discusión, entonces, no debería reducirse a decir que la JEP no castiga. Sí sanciona. El problema es mucho más profundo: si Colombia aceptó castigar de una manera extraordinariamente distinta, tenía derecho a exigir resultados igualmente extraordinarios. Menos cárcel debía significar más verdad. Más beneficios, más reparación. Menos justicia retributiva, más respuestas para las víctimas. Y ahí las palabras de Timochenko resultan devastadoras políticamente. No prueban que las Farc controlen la JEP, pero sí recuerdan una realidad imposible de maquillar: quienes debían responder ante la justicia participaron en la negociación del modelo bajo el cual responderían. La paz puede exigir concesiones. Lo que no puede exigir es que después finjamos que esas concesiones nunca existieron. Las Farc saben perfectamente qué recibieron del Acuerdo. La pregunta demoledora es mucho más sencilla: ¿pueden decir lo mismo las víctimas? Esa es la cuenta que todavía importa. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
La JEP a su medida
SUBTÍTULO: Las declaraciones de Rodrigo Londoño reabren el debate sobre las condiciones negociadas en La Habana y los beneficios judiciales concedidos a los excomandantes de las Farc.

