La derecha ganó la Presidencia, pero ahora puede comenzar una guerra mucho más difícil: la pelea por quedarse con la propia derecha. Y eso es lo que realmente hay detrás del enfrentamiento entre el senador del Movimiento de Salvación Nacional, Enrique Gómez Martínez y el Centro Democrático. No parece una simple pelea de egos ni una discusión en redes. Gómez lleva meses marcando una frontera con el uribismo. Ha cuestionado el crecimiento del Estado durante los gobiernos de Álvaro Uribe, lo ha llamado socialdemócrata y ha planteado una derecha diferente a la que durante dos décadas dominó el Centro Democrático. El Centro Democrático finalmente respondió: se cansó de sus descalificaciones, cerró la puerta a una coalición con Gómez y después hizo una precisión todavía más interesante: su pelea no es con Salvación Nacional. Es específicamente con Enrique Gómez. Pero lo verdaderamente importante está detrás. Salvación Nacional, Defensores de la Patria y Creemos, este último, conocido como el partido de Fico Gutiérrez, vienen explorando una nueva fuerza política de cara a las elecciones regionales de 2027. Y si ese proyecto termina consolidándose, la derecha colombiana podría tener por primera vez en muchos años dos grandes centros de poder compitiendo por el mismo electorado. De un lado, Álvaro Uribe y el Centro Democrático. Del otro, una nueva fuerza construida alrededor del presidente Abelardo de la Espriella, Enrique Gómez y sectores cercanos a Federico Gutiérrez. Y aquí está la verdadera disputa. No están peleando solamente por diferencias ideológicas. Están peleando por alcaldías, gobernaciones, concejos, asambleas, avales, dirigentes regionales y, sobre todo, por decidir quién va a mandar en la derecha colombiana durante los próximos años. Durante dos décadas, Álvaro Uribe fue prácticamente el punto alrededor del cual se organizó buena parte de la derecha colombiana. Ahora hay un presidente de derecha distinto a Uribe, con poder, movimiento político propio y capacidad para construir una estructura nacional. Eso cambia completamente el tablero. El problema es que esta estrategia también tiene un riesgo enorme. Si el Centro Democrático presenta un candidato, la nueva derecha presenta otro y el Pacto Histórico logra llegar unido en determinados municipios o departamentos, la derecha podría terminar perdiendo territorios no porque sea minoritaria, sino porque dividió sus propios votos. Ahí estará la inteligencia política de ambos sectores: saber dónde competir y dónde entenderse. Porque una derecha con varias fuerzas puede ampliar su electorado, producir nuevos liderazgos y dejar de depender de una sola organización. Pero una derecha convertida en una guerra de exterminio entre aliados ideológicos puede terminar haciéndole el trabajo electoral a sus adversarios. Y por eso las elecciones de 2027 van a resolver algo mucho más importante que quién será el próximo alcalde o gobernador. Van a comenzar a responder quién heredará el liderazgo de la derecha colombiana. Porque esta pelea no es solamente Gómez contra el Centro Democrático. Es la vieja estructura defendiendo su espacio frente a una nueva derecha que quiere construir el suyo. Y es que en política, nada es casualidad.

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