Al Pacto Histórico no le gusta que Abelardo De La Espriella salga a patrullar las calles. No le gusta que regresen los permisos para el porte de armas. No le gustan los bombardeos. No le gusta que el Ejército salga a recuperar territorio. No le gusta que helicópteros y aviones de la Fuerza Pública persigan a las estructuras criminales. Lo que parecen olvidar es por qué está ocurriendo todo eso: Colombia salió de cuatro años del nefasto gobierno Gustavo Petro con una crisis de seguridad que ellos mismos tuvieron que administrar y no lograron contener. Ahora hablan como si acabaran de llegar. ¿En verdad creen que pueden ofender la inteligencia de la gente? Durante cuatro años vendieron la Paz Total como la gran respuesta al conflicto armado y al crimen organizado. El resultado fue bastante menos presentable. En 2024, la Defensoría del Pueblo advirtió presencia o amenaza de grupos armados ilegales en el 71 % de los municipios de Colombia. El organismo habló además de expansión territorial, control social y hasta de formas de gobernanza criminal. La extorsión tampoco cedió. En 2022 hubo 9.791 casos. En 2023 fueron 11.078. En 2024 llegaron a 13.802. Y en 2025 todavía se registraron 13.417. Ese fue el país que dejó una política de seguridad que pasó cuatro años hablando de diálogos, acercamientos, ceses y negociaciones mientras las estructuras armadas seguían disputando territorio y las economías criminales continuaban golpeando a los colombianos. Por eso resulta llamativo el nuevo papel del Pacto Histórico. Hoy cuestionan los operativos. Cuestionan el despliegue militar. Cuestionan el porte de armas. Cuestionan la presencia del presidente junto a la Fuerza Pública. Cuestionan prácticamente cada señal de endurecimiento de la política de seguridad. Pero cuando tuvieron la Presidencia, el Ministerio de Defensa, la Policía y las Fuerzas Militares bajo su responsabilidad, los resultados fueron los que acabamos de ver. No son opiniones. Son cifras oficiales. Y ahora De La Espriella decidió hacer exactamente lo contrario. El 8 de septiembre levantó la suspensión general de los permisos para el porte de armas, manteniendo requisitos y controles. Su Gobierno ha ordenado operaciones militares contra estructuras ilegales y ha presentado capturas, bajas de cabecillas, incautaciones y operaciones contra el ELN y las disidencias. Eso también deberá medirse por resultados. Pero hay algo que el Pacto Histórico no puede hacer: borrar los cuatro años que gobernó y presentarse ahora como comentarista del desastre. No estaba en la tribuna. Estaba en el poder. No estaba denunciando la política de seguridad. La estaba ejecutando. No recibió el problema de otro gobierno durante esos cuatro años. Era su responsabilidad enfrentarlo. Y cuando terminó su mandato, la Defensoría seguía hablando de grupos armados extendiendo su presencia, imponiendo reglas y ejerciendo control sobre comunidades. Ahora protestan porque el Estado responde con más Fuerza Pública. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué esperaban que ocurriera después de cuatro años en los que los criminales ganaron espacio mientras el Gobierno seguía apostando su capital político a una Paz Total que nunca consiguió pacificar al país? Ese es el punto que resulta incómodo. El Pacto Histórico puede criticar a De La Espriella todo lo que quiera. Lo que no puede exigir es amnesia. Porque antes de señalar cómo se está intentando recuperar la seguridad, tendrá que responder por la seguridad que no logró garantizar cuando tuvo el poder para hacerlo. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
El caos que dejaron
Durante cuatro años, el Pacto Histórico vendió la Paz Total como la gran respuesta al conflicto armado y al crimen organizado, pero las cifras dejan al descubierto el rotundo fracaso.

