Otra vez la misma noticia. La empresa AAA recibió tres meses más para seguir prestando el servicio de agua y alcantarillado en Soledad, y con esta ya completamos cinco años de prórrogas. El contrato de concesión, pactado a veinte años, terminó en 2021. Desde entonces el municipio ha ido renovando la operación a cuentagotas, de seis en seis o de tres en tres meses, en una especie de provisionalidad que ya se volvió costumbre, mientras la discusión de fondo sigue esperando turno. La nueva extensión llega hasta diciembre de este año, y eso cambia el panorama más de lo que parece. En la práctica, la suerte del modelo de operación queda en manos del próximo alcalde. Será él quien tenga que decidir si se estructura un esquema nuevo o si se pacta con el actual operador una ampliación estable, atada a planes de inversión, que es justamente lo que la AAA ha propuesto. Un servicio esencial, a la deriva Mientras no exista una definición, el agua de Soledad está a la deriva. No hay un modelo de largo plazo para la operación, y tampoco una prórroga seria de largo alcance, respaldada por grandes inversiones del prestador actual. Lo que hay es una sucesión de plazos cortos que sirven para salir del paso, pero no para planear. Y estamos hablando del servicio del que dependen el bienestar de las familias y buena parte del desarrollo urbano y económico del municipio. Sin agua y sin alcantarillado no funciona una casa, un negocio ni un proyecto de vivienda. El problema, además, se ha ido enredando con los años. Los desafíos técnicos y jurídicos son cada vez más complejos. En la disputa por el mercado de usuarios, por ejemplo, un tribunal de arbitramento le otorgó a la AAA cerca del 54 % de los usuarios, es decir unos 97.000 suscriptores, un fallo que pesa sobre cualquier decisión futura. A eso se suman los asuntos técnicos pendientes sobre el pleno funcionamiento y aumento de capacidades del acueducto municipal. Cada mes que pasa sin decidir, el nudo se aprieta un poco más. Las dos rutas sobre la mesa La ciudad necesita dar esta discusión con seriedad y con ánimo constructivo. Las alternativas, en esencia, son dos. La primera es estructurar un nuevo modelo de operación con un horizonte de 30 años, ya sea a cargo de un privado o bajo un esquema de economía mixta, con participación pública y privada. Es una apuesta de largo aliento, que exige preparación técnica y jurídica y que no se resuelve de un día para otro. La segunda es acordar con la AAA una prórroga estable de máximo cinco años para completar diez, el tiempo límite que la ley permite bajo el esquema actual, pero con una condición clara: un plan de inversiones que se pueda verificar. Ese plan tendría que apuntar a reponer e instalar redes de agua y alcantarillado, a optimizar el servicio y a potencializar el acueducto municipal. Las dos rutas tienen ventajas y riesgos, y merecen discutirse a fondo. La que no tiene ninguna ventaja es la tercera, la que se ha venido aplicando por defecto: no escoger ninguna y seguir prorrogando por trimestres. El costo de la incertidumbre Soledad tiene un potencial enorme de crecimiento urbano, logístico y empresarial. Para aprovecharlo necesita algo tan básico como reglas estables en la prestación de sus servicios públicos, reglas que le den confianza a la gente, a los gremios y a las propias entidades públicas. Por eso vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿estas prórrogas de seis o tres meses le han servido a la ciudad? Tengo serias dudas. Los economistas han demostrado que la incertidumbre y la inestabilidad frenan el desarrollo y no dejan madurar los procesos. Cuando las reglas pueden cambiar cada trimestre, nadie invierte con tranquilidad. Un operador que no sabe si seguirá dentro de tres meses difícilmente se va a comprometer con obras que tardan años en pagarse, y una administración pendiente del siguiente vencimiento tampoco encuentra el tiempo para planear. Una decisión que ya no se puede aplazar El reloj sigue corriendo. El futuro del agua en Soledad debería ocupar un lugar central en la conversación pública, más aún si va a ser un asunto que tendrá que resolver el próximo alcalde. Los ciudadanos tienen derecho a saber qué propone cada quien sobre este tema y con qué argumentos. Lo que se decida tiene que construirse con mecanismos de gobernanza, con transparencia y con rigor técnico, y con una visión de largo plazo que esté por encima del ejercicio político tradicional. La pregunta que importa es cuál de los caminos le garantiza a Soledad un servicio confiable y quién va a responder por cumplirlo. Soledad tiene por delante una oportunidad valiosa. La ciudadanía, los gremios, la academia, los líderes comunitarios y las organizaciones sociales pueden poner el agua en el centro de la conversación y llenar el debate con propuestas. La próxima administración heredará esta decisión, y será mucho más sólida si la toma acompañada de una ciudad que participa, que se informa y que sabe lo que quiere. Las generaciones de Soledeños que vienen detrás merecen que esta vez la conversación sobre el agua la demos entre todos. Ing. Leonardo Pereira Doctor en Economía Magíster en Administración Pública
El agua de Soledad a cuentagotas y la decisión que heredará el próximo alcalde
La nueva prórroga para la operación de AAA extiende hasta diciembre una incertidumbre que ya completa cinco años.

