Durante cuatro años, varios de los criminales más sanguinarios del país encontraron una fórmula extraordinariamente conveniente: negociar con el Gobierno anterior sin dejar de mandar sobre hombres armados. Esa fue la gran contradicción de la Paz Total de Gustavo Petro. Alias 'Araña', 'Bendito Menor', 'Pinocho', 'Mordisco' y 'Calarcá' no tuvieron el mismo tratamiento jurídico ni participaron de los mismos procesos. Pero ellos o las estructuras que comandaban terminaron, de una forma u otra, dentro de la gigantesca apuesta de negociación del gobierno Petro. Hubo mesas, acercamientos, ceses, voceros, negociadores y beneficios jurídicos. Lo que no hubo fue paz. Y esa es la cuenta que nunca cuadró. Porque mientras el Gobierno hablaba de diálogos, varias de esas estructuras seguían extorsionando, reclutando menores, traficando cocaína, disputándose territorios y aumentando su capacidad armada. Entonces la pregunta es inevitable: ¿Qué recibió Colombia a cambio? Porque sentar a un criminal en una mesa no lo convierte en un hombre de paz. Y ponerle un título como gestor de paz, tampoco le quita el fusil. Ese fue el error de fondo de la Paz Total: confundir la disposición del Estado para negociar con la voluntad del delincuente para dejar de delinquir. Muchos aprovecharon exactamente lo contrario. Tiempo, interlocución y oxígeno. Y mientras el Gobierno trataba de salvar las negociaciones, ellos preservaban sus estructuras y sus negocios. Ahora la política cambió. El presidente Abelardo De La Espriella cerró procesos heredados de Petro, acabó con varios reconocimientos concedidos dentro de esas negociaciones y devolvió el centro de la estrategia a las operaciones de la Fuerza Pública y a la acción de la justicia. Y los resultados iniciales muestran el tamaño del giro. Alias 'Araña' pasó de negociador a extraditado a Estados Unidos. 'Bendito Menor' y el 'Cholo' fueron abatidos. Sobre Pinocho pesa una orden para capturarlo y extraditarlo. Y contra las estructuras de Mordisco, Iván Márquez y Calarcá ya se han ejecutado operaciones militares. El mensaje cambió por completo. Pero tampoco hay espacio para celebrar antes de tiempo. Petro será juzgado por los resultados que dejó su Paz Total. Y De La Espriella tendrá que ser juzgado exactamente con la misma vara. No por discursos. No por fotografías de operativos. No por el número de comunicados. Sino por territorios recuperados, estructuras desmontadas, cabecillas capturados, rentas criminales destruidas y colombianos que puedan volver a vivir sin pedirle permiso a un bandido. Porque ese es el punto que durante cuatro años quedó enterrado debajo de toneladas de retórica sobre la paz: un Estado no recupera la autoridad cuando logra que un criminal se siente a negociar. La recupera cuando consigue que deje de mandar. Y ese es el verdadero examen que apenas comienza. Y es que en política, nada es casualidad.

Compartir artículo

FacebookXWhatsAppThreadsCorreo