¿En serio el petrismo pretende gobernar Barranquilla con un exalcalde que representa una de las épocas más cuestionadas de la ciudad y una colección de políticos de redes que confunden hacerse virales con tener liderazgo? Si esa es la alternativa, el problema no es de publicidad: es de hoja de vida. El Cura Hoyos quiere volver. Y con él vuelve inevitablemente una pregunta que algunos quisieran borrar: ¿cómo terminó la Barranquilla de aquella época? La ciudad acabó sometida a la Ley 550, ahogada financieramente y obligada a reestructurar sus deudas. Era una Barranquilla con una red hospitalaria en crisis, colegios deteriorados, enormes carencias de espacio público y una administración sin la capacidad financiera que después recuperaría. Presentar ahora ese pasado como una alternativa de renovación exige, como mínimo, una explicación seria. Pero quizás más revelador es lo que viene detrás. Una generación de políticos que ha confundido exposición con liderazgo. Concejales y diputados haciendo una oposición de juguete que funciona muy bien para Instagram: denuncia, video, indignación, reproducciones, pero que en la vida real no tienen ninguna incidencia: puros shows vacíos. Son candidaturas de Temu: mucho empaque digital, pero cuando uno busca experiencia ejecutiva, equipos dirigidos, presupuestos administrados, obras realizadas o transformaciones concretas, la conversación cambia. Y aquí está el verdadero fondo del asunto: denunciar problemas y resolverlos son oficios completamente distintos. Para encontrar un hueco basta recorrer una calle con un celular. Para pavimentarla hay que conseguir recursos, contratar, ejecutar, supervisar y responder por el resultado. Señalar un colegio deteriorado toma treinta segundos; administrar un sistema educativo requiere años de decisiones. Las redes premian al que consigue atención. El gobierno castiga al que no sabe ejecutar. Confundir esas dos capacidades puede producir buenos influencers y pésimos gobernantes. El petrismo tiene además una contradicción política que merece explicación. Durante cuatro años tuvo el Gobierno Nacional, ministerios, presupuesto y capacidad para convertir sus discursos sobre Barranquilla en resultados. Por eso, antes de presentarse como la fuerza llamada a rescatar la ciudad, corresponde preguntar qué transformación estructural dejó aquí cuando tuvo en sus manos una parte enorme del poder del Estado. Esa discusión es bastante más importante que cualquier reel contra los Char. Barranquilla necesita oposición fuerte porque todo poder necesita vigilancia. Pero una oposición seria no se mide por decibeles ni por reproducciones. Se mide por la calidad de sus denuncias, la solidez de sus propuestas, la preparación de sus dirigentes y su capacidad demostrada para gobernar. Cambiar una hegemonía simplemente por rabia contra esa hegemonía tampoco constituye un proyecto de ciudad. Esa es la discusión inteligente que deberían tener los barranquilleros: no quién insulta mejor al establecimiento, sino quién puede demostrar que administraría mejor la ciudad. Porque el algoritmo puede fabricar notoriedad, pero no experiencia; puede fabricar personajes, pero no equipos; puede conseguir millones de vistas, pero no ejecutar un solo peso del presupuesto. Una Alcaldía no es un premio para el político que más ruido haga. Tampoco es una escuela para aprender a gobernar. Y es que en política, nada es casualidad.
ORIGINALES · OPINIÓN DE RRP
Candidatos de Temu
Subtítulo: La discusión sobre las candidaturas del petrismo en Barranquilla pone sobre la mesa la experiencia administrativa, la capacidad de ejecución y el papel de las redes sociales en la política local.

